Y llegaron las vacaciones, y como el turrón, volvemos a casa por Navidad.
Voy a ver a mis padres; es hasta posible que coincida con TODOS mis hermanos por primera vez en Navidad desde… a veeeeer, dejadme echar cueeeentas…. bisibisibisibis… ventidós añitos, que se dice pronto. Y eso que somos cuatro, si llegamos a ser veinte… ¡mi madre!
Y voy a conocer Lisboa, que aprovechando que el Ebro nace en FontibreeEEEEEE, se hace macho en AragóóóOOOOONNNNN!!!!!, pues damos un rodeo antes de llegar a Motril. Total para el tostonazo de viaje que es, pues lo alargamos y listo.
Hay que ver, que me recorro el mundo y no conozco el sur de Portugal (tampoco conozco O Caurel, que tengo a tiro de piedra, pero eso no viene al caso) y ya va siendo hora.
Pero seguiré aquí, por mi casa. Igual no todos los días, pero sí alguno que otro.
Dejo el bote de sales de lavanda en el estante de siempre; servíos si queréis. Los aceites esenciales de mandarina son esas bolitas de colores que están en la bandejita. Ya sabéis, uno por baño.
Y el gel, es el bote rosa de la esquina de la bañera.
Las toallas están dentro del armarito y el albornoz, detrás de la puerta. Estáis en vuestra casa, poneos cómodos. Por cierto, queda mi cuñado en casa, como siempre; pero está avisado. No os molestará.
Y como pronto es Navidad y voy a estar bastante liada, os dejo mi villancico preferido. A lo mejor es el mismo que el del año pasado (evoluciono poco), pero es igual.
Vane, estarás con TODA tu familia, y yo estaré pensando en ti.
Feliz Navidad, y que Dios os bendiga.
Por cierto, como sé que muchos odiáis las Navidades por los motivos que sean, os recuerdo que es época de amor y felicidad, no de pena, así que ¡MAAAAAARRCHAAAAA!
(¿os habéis fijado en lo mono que está el Papá Noel de la esquina?)








