Los que vivimos al lado de la costa gallega, ya sabemos lo que significa el ruido de las aspas: el helicóptero de “SOS Galicia” está buscando desaparecidos.
Llevo toda mi vida pegada a esta costa: a veces dulce como la miel, con olas suaves que te acarician los pies con masajes de agua helada y otras, encrespado y salvaje, reclamando a los humanos el trozo de tierra que le han robado y todo el daño que le han hecho durante años y años de saqueo y vertidos .
Llevamos tres días con temporal en el mar; no tienes más que asomarte a la barandilla del paseo marítimo para alejarte, estremecida: El mar está tan furioso que ni las sirenas se han atrevido a bajar a la playa.
Enfadados, indignados, también estamos hoy los coruñeses, que llevamos todo el día con el corazón encogido escuchando las aspas de los helicópteros, que buscan sin descanso a los que, casi con toda probabilidad, no volverán.
Hoy, mi ciudad está de luto, y sobre ese silencio absoluto de los cientos de personas que se asoman a la playa para ver si hay esperanza, sólo se oye la bravura del mar, y las aspas, girando.





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