Preferiría no haberme enterado hoy de la noticia, en un intento pueril y estúpido de “sino lo sé, no ha ocurrido”; pero lo cierto es que tengo un peso en el corazón que me duele al respirar, y no dejo de pensar en esa pobre gente que ya no está.
Pero los que realmente me apenan son los que están; esas personas que se han quedado en el aeropuerto esperando, rezando, suplicando y llorando, son nuestra gente; son como tú y yo, gente que ama, que odia, que quiere, que ríe, que sufre, que siente y padece.
Y su padecer es ahora mío.
Yo también tengo el alma de luto, y en señal de respeto, no voy a ver ninguna imagen del accidente.
No pincharé enlaces de ningún blog referentes al tema; no leeré la prensa ni veré a tele.
No quiero ver a mi gente sufrir, ni estoy ávida de sangre de heridas abiertas.
Mañana iré a la iglesia, rezaré por vosotros, por los que estáis, y por los que se os fueron. Y de paso rezaré para que la gente empiece a tratar a sus semejantes con más respeto, y que dejen de ver en un accidente horrible una noticia de primera página, en lugar de ver la enorme tragedia que en realidad es.
Por eso pienso que lo mejor que puedo hacer es dejar mi propio enlace, en recuerdo de aquellos que perdieron la vida un 20 de Agosto de 2008.

Ha sido una tragedia. No había pasado algo tan importante desde el 11-M. Yo no rezaré, porque no soy creyente, pero todos debemos tener en nuestros pensamientos a las víctimas y sus allegados, para sentirnos próximos a ellos en estos momentos de dolor. Al menos esperemos que el número no crezca.
Yo no sé si rezar sirve para algo o no, pero seguro que es bueno hacerlo.
De acuerdo contigo: la información tiene límites, están en el respeto a los semejantes.
Las víctimas y sus allegados ya han tenido más que suficiente.
Esto de no publicar información sobre las víctimas tenía que extenderse aún más al caso de los atentados terroristas. En estos casos debería estar prohibido y penado dar noticias sobre un atentado.
Ya sé que es imposible poner puertas al campo, pero si así fuese, estoy seguro que se ganaría una gran batalla contra ellos.
Respecto a lo de ayer, tremendo … cuando algo te pilla tan cerca, ves las cosas de otra forma.
Precisamente la finalidad de muchos atentados terroristas es la de dar publicidad al colectivo que los provoca.
Dar sólo la información imprescindible sería una forma de no seguir su juego sucio.
Pues tendrás que leer el mío. Ahí iban la prima y la sobrina de uno de mis compañeros. Que tuvo que seguir trabajando toda la tarde desesperado sin saber nada.
También podrás ver la categoría ‘humana’ de la gente que estaba esperando en el aeropuerto ayer.
Lo que no se ve por la tele, lo que hemos oído los que estábamos al pie del cañón.
Una vez vi un coche atropellando a un perro. Sólo fue un golpe, y el perro quedó intacto aparentemente, pero oí perfectamente cómo se rompía por dentro.
Tenía doce años, y todavía me despierto algunas noches oyendo aquel “crac” de cuello roto, y que nunca pude olvidar.
Entonces ¿para qué porras sirve el ver tanto dolor, tanto destrozo, tanto sufrimiento?
Es terrible.
No tendrás que ver nada. Yo no soy tan salvaje como todo eso.
Pero tú lo ves desde fuera, y las noticias son desde fuera. Yo estaba dentro.
No hablaba de los trabajadores de los aeropuertos. Evidentemente, si estoy en un sitio y ponen una bomba al lado, me tendré que tragar el drama si salgo viva del asunto.
Hablo del vampirismo periodístico, alimentado por los carroñeros de los lectores.
Yo no leo, no velo la tele. No quiero saber nada. Esta mañana me tuve que tragar a un imbécil diciendo que “no dejaron bajar del avión a los pasajeros que querían bajarse, los obligaron a volar”.
No me podía bajar del coche, y si apago la radio me echan. Me lo tuve que tragar.
Pero nunca, jamás de los jamases, una compañía aérea deja a bordo a un pasajero que se quiera bajar. Mientras el avión está en tierra, incluso en la pista de rodadura, el que se quiere bajar, se baja.
Por la sencilla razón de que un pasajero histérico es bastante más peligroso que diez minutos de retraso.